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Cómo sostener a un misionero

El sostén es más que dinero. Pero empieza con un presupuesto honesto.

Toda iglesia que toma en serio las misiones llega a esta pregunta: ¿cuánto cuesta mantener a alguien en el campo, y cómo organizar ese compromiso sin que se vuelva una carga o una promesa olvidada? No existe un valor único. El costo cambia mucho de un país a otro, según el tipo de cambio, el tamaño de la familia y el tipo de trabajo. Pero existe una manera correcta de calcular y de organizar.

Qué entra en el costo de un misionero

Un presupuesto honesto suele incluir:

  • Vivienda y servicios básicos: alquiler, electricidad, agua, internet.
  • Alimentación y transporte según el costo de vida local, que puede ser muy diferente del de su país.
  • Salud: plan o seguro de salud válido en el país, y seguro de viaje para los desplazamientos.
  • Educación de los hijos, cuando hay niños en la familia.
  • Costos del ministerio: materiales, traslados para el trabajo, eventos, ayuda a obreros locales.
  • Documentación: visas, renovaciones, traducciones y tasas.
  • Jubilación y reserva: aportes para la jubilación y un fondo para emergencias y para el regreso.
  • Viajes periódicos de vuelta a su país para descanso, informes y visita a las iglesias.

Cuando una iglesia piensa solo en el "salario", deja fuera partidas que, tarde o temprano, se vuelven crisis en el campo: un problema de salud sin cobertura, una visa vencida, un regreso sin ninguna reserva.

Cómo calcular en la práctica

Pida al misionero, o a la agencia que lo acompaña, un presupuesto mensual detallado por partida, en la moneda del país y convertido a la moneda de quien envía. Revíselo con él una vez al año, porque el tipo de cambio y el costo de vida cambian. Un presupuesto claro protege a todos: el misionero sabe con qué cuenta, y quien sostiene sabe qué está sosteniendo.

Quién sostiene: iglesia, donantes y colaboradores

El modelo más sano suele ser el sostén compartido:

  • La iglesia que envía asume una parte fija y se encarga del cuidado pastoral.
  • Iglesias colaboradoras asumen cuotas menores, también con compromiso mensual.
  • Donantes individuales, hermanos que ofrendan cada mes, completan el valor.

Dividir el sostén entre muchos colaboradores da seguridad: si una fuente falla, el misionero no se queda sin nada. Y multiplica el número de personas que oran y acompañan el campo de cerca.

El compromiso mensual vale más que una gran ofrenda

Una ofrenda alta de una sola vez ayuda, pero lo que mantiene a alguien en el campo es la regularidad. Un monto modesto, fiel, todos los meses, vale más para la planificación del misionero que una campaña hermosa que no se repite. Por eso muchas iglesias incluyen el sostén misionero en su presupuesto anual, como cualquier otro compromiso esencial.

Sostener también es cuidar

El dinero es solo una parte. El misionero necesita oración específica, noticias y respuestas a sus cartas, visitas cuando sea posible y una buena acogida cuando regresa. Vea cómo formar una red de intercesión por el campo.

Transparencia y rendición de cuentas

Quien ofrenda tiene derecho a saber adónde va el recurso, y el misionero tiene el deber de rendir cuentas. Informes periódicos, cartas con noticias del trabajo y una organización que rinde cuentas públicamente dan confianza para que la iglesia continúe. En SEMIPA, el 90% de las contribuciones se destina a los proyectos y misioneros, con rendición de cuentas, cartas mensuales y auditoría anual (vea la página de transparencia).

Cómo empezar

Si su iglesia todavía no sostiene a ningún misionero, empiece con uno: conozca el campo, entienda el presupuesto, asuma una cuota mensual y mantenga el contacto. Si usted quiere contribuir personalmente, puede convertirse en donante de un misionero o apadrinar un proyecto.

Vea cómo ayudar a misioneros y proyectos de SEMIPA

¿Quiere apoyar a misioneros en el campo?

Ore, contribuya con una ofrenda mensual o apadrine un proyecto apoyado por SEMIPA, con rendición de cuentas y cartas del campo.