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Una historia de fe, envío y perseverancia

De la iglesia local en Águas Claras a una red misionera que sirve a familias, campos y comunidades en Brasil y entre las naciones.

La historia de SEMIPA demuestra que los propósitos de Dios se cumplen por medio de personas sencillas, pero disponibles. Así como en las Escrituras el Señor llamó a hombres comunes para realizar obras extraordinarias, también en Águas Claras, São José do Vale do Rio Preto, levantó al pastor José Alves dos Santos para reavivar la llama misionera en una iglesia del interior, formada en su mayoría por agricultores, trabajadores sencillos y familias comprometidas con la fe.

Nacido en Santo Amaro da Purificação, en Bahía, y convertido al Evangelio después de una trayectoria marcada por cambios y experiencias profundas con Dios, el pastor José Alves asumió la Iglesia Asamblea de Dios en Águas Claras el 10 de enero de 1989. Desde el inicio dejó claro que misiones no sería solo un departamento, sino la identidad de la iglesia. Enseñaba que la Gran Comisión no pertenece a un grupo específico, sino a toda la iglesia. Esa convicción moldeó la cultura local y preparó el terreno para el nacimiento de un ministerio que superaría las fronteras de aquella pequeña ciudad.

La llama misionera es reavivada

El pastor José Alves dos Santos asume la iglesia en Águas Claras y fortalece la convicción de que las misiones son identidad de la iglesia.

Nace SELMIPA

La Secretaría Local de Misiones con Pasión por las Almas organiza la intercesión, el envío y el sustento misionero.

Primeros misioneros sostenidos y enviados

La iglesia comienza a apoyar al pastor Nelino en Amazonas y envía a Cláudia Paulino a Viçosa, en Minas Gerais.

SEMIPA gana alcance interdenominacional

La obra asume el nombre Semeadores Missionários com Paixão pelas Almas y amplía su actuación en Brasil y en el exterior.

Reconstrucción y perseverancia

Incluso después de las lluvias que afectaron la región serrana, ningún campo fue abandonado y la obra siguió sostenida por la fidelidad de Dios.

De las primeras semillas al nacimiento de SEMIPA

El 14 de enero de 1992 fue creada SELMIPA, la Secretaría Local de Misiones con Pasión por las Almas. El liderazgo inicial contó con el presbítero Júlio Cezar T. Machado como secretario, el diácono Paulo Henrique P. da Cunha como secretario adjunto y Valmir Nogueira como tesorero, además de muchos hermanos que se involucraron en evangelismos, conferencias, programas de radio, boletines y campañas de contribución misionera. Desde el principio, la visión era clara: involucrar a toda la iglesia en oración, contribución y envío, estableciendo una base sólida para aquello que años después se convertiría en SEMIPA.

La primera conquista llegó en noviembre de 1993, cuando SELMIPA comenzó a sostener al pastor Nelino Pereira dos Santos, en Amazonas. En enero de 1994, fue enviada la primera misionera, Cláudia da Silva Paulino, a Viçosa, en Minas Gerais, concretando la visión misionera que venía siendo cultivada en la iglesia. Las conferencias anuales fortalecieron vocaciones y compromisos con la evangelización, mientras el Boletín Informativo Pasión por las Almas, iniciado de forma sencilla, amplió su alcance y empezó a circular en diversas ciudades y países, manteniendo viva la llama misionera entre los colaboradores.

A medida que nuevos obreros eran adoptados en Brasil y en el exterior, especialmente en Europa Oriental y en la región amazónica, quedó claro que la estructura de secretaría local ya no acompañaba la dimensión que la obra había alcanzado. El ministerio superó los límites de la iglesia donde nació SELMIPA y pasó a actuar con mayor amplitud, organizándose de forma más estructurada para responder a los nuevos desafíos misioneros. De iniciativa local, se convirtió en un frente misionero de alcance más amplio, reuniendo colaboradores y socios de diferentes iglesias, sin perder la esencia que siempre lo definió: pasión por las almas y compromiso fiel con la obra de Dios.

De secretaría local a agencia misionera interdenominacional

Con el avance de la obra y la expansión constante de los campos misioneros, el ministerio pasó a sostener obreros en diferentes estados brasileños, alcanzando regiones indígenas, ribereñas y quilombolas, y también abriendo puertas en otros países. En el año 2000, asumió oficialmente el nombre SEMIPA - Semeadores Missionários com Paixão pelas Almas, consolidando su identidad como agencia misionera interdenominacional. Esa nueva fase marcó una ampliación aún más significativa del alcance, con proyectos en Amazonas y en el Nordeste, y frentes transculturales en Ucrania, India, España, Paraguay, Angola, Albania y otras naciones, reafirmando el compromiso con la evangelización más allá de las fronteras.

Las conferencias misioneras crecieron en estructura y participación, llegando a reunir miles de personas e integrando también al público infantil por medio de SEMIPA KIDS. El periódico Pasión por las Almas alcanzó tiradas de hasta 12 mil ejemplares mensuales, distribuidos en decenas de países y, posteriormente, también por internet. Congresos, ferias misioneras y encuentros de colaboradores se convirtieron en espacios estratégicos de enseñanza, rendición de cuentas y renovación del compromiso con la obra misionera.

La ampliación de la dirección para incluir miembros de otras denominaciones consolidó el carácter interdenominacional de la agencia. SEMIPA pasó a actuar no solo como enviadora, sino también como movilizadora y capacitadora, participando en conferencias en diversos estados y estableciendo alianzas que fortalecieron tanto la base como los campos misioneros.

Pruebas, cuidado de Dios y expansión

A lo largo de su trayectoria, SEMIPA enfrentó momentos de profunda prueba. El más marcante ocurrió en enero de 2011, cuando las fuertes lluvias que alcanzaron la región serrana de Río de Janeiro devastaron São José do Vale do Rio Preto. El templo de la iglesia y la oficina de SEMIPA fueron afectados, resultando en la pérdida de mobiliario, equipos y gran parte del acervo histórico acumulado a lo largo de los años. Fue un tiempo de dolor, reconstrucción y dependencia total del Señor.

Aun así, ninguna familia misionera dejó de ser sostenida y ningún proyecto fue interrumpido. Mientras muchos colaboradores también enfrentaban dificultades, la agencia organizó acciones de socorro, distribuyendo alimentos, ropa y agua a la población afectada. Se lanzó una campaña para recuperar el acervo histórico, y ejemplares antiguos del periódico fueron enviados por aliados de varias regiones, permitiendo que la memoria de la obra fuera preservada. La fidelidad de Dios se manifestó en la provisión constante y en el fortalecimiento del equipo.

Después de la reconstrucción de la oficina y la renovación de los equipos, la obra siguió adelante con aún más convicción. Nuevos proyectos fueron lanzados, nuevas familias enviadas y la sede administrativa comenzó a estructurarse, simbolizando madurez y estabilidad. Las crisis no interrumpieron la misión, sino que profundizaron la fe y confirmaron que la obra pertenece al Señor, quien sostiene y conduce cada etapa de la expansión.

Formación teológica y capacitación misionera

Con el crecimiento del número de vocacionados y campos misioneros, SEMIPA comprendió que enviar no era suficiente; era necesario preparar. Surgió entonces el Curso de Capacitación Misionera, seguido por el Curso Interdenominacional de Teología, ofreciendo formación bíblica, misiológica y práctica para candidatos al campo, líderes y miembros de iglesias colaboradoras.

Esos cursos se convirtieron en instrumentos estratégicos para fortalecer la base y reducir el retorno prematuro de misioneros. Además de la enseñanza, SEMIPA desarrolló un modelo de pastoreo y acompañamiento, realizando viajes a los campos y promoviendo encuentros periódicos con colaboradores. La formación unió conocimiento teológico, práctica ministerial y cuidado pastoral, creando una cultura de responsabilidad y compromiso con la obra.

Al invertir en capacitación, la agencia demostró madurez institucional. El objetivo siempre fue formar obreros firmes en la Palabra, preparados para enfrentar desafíos culturales y espirituales, manteniendo viva la esencia que la caracteriza desde el inicio: pasión por las almas y dependencia total de Dios.

Una historia que continúa

Después de más de dos décadas y media, SEMIPA creció, se adaptó a las circunstancias y expandió sus horizontes, pero mantuvo su esencia. Lo que comenzó en una pequeña iglesia del interior se convirtió en una red misionera que conecta iglesias, colaboradores y misioneros en diversos continentes.

SEMIPA sigue movilizando, enviando, sosteniendo y formando. Cada congreso, cada proyecto y cada familia enviada reafirma la convicción de que la misión no es obra humana, sino respuesta obediente al llamado divino. SEMIPA permanece como una familia de sembradores, unidos por el compromiso de ir, orar y contribuir.

Así, la historia que comenzó con la visión de un pastor y el involucramiento de una iglesia sencilla continúa siendo escrita. Más que una institución, SEMIPA es expresión de una convicción: mientras haya campos para sembrar y vidas por alcanzar, la pasión por las almas seguirá impulsando nuevos pasos bajo la dirección fiel de aquel que es el Señor de la Seara.

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