En los primeros días en otro país, todo parece nuevo e interesante. Unas semanas después, las mismas cosas empiezan a irritar: la forma de hablar, la comida, el tránsito, la burocracia, el modo en que las personas manejan el tiempo. Aparecen el cansancio, la nostalgia y, a veces, las ganas de volver. Este proceso tiene nombre: choque cultural. Es común, esperable y, con preparación, superable.
Qué es el choque cultural
El choque cultural es la desorientación que sentimos cuando perdemos las referencias conocidas de cómo funcionan las cosas. En nuestro país sabemos sin pensar cómo saludar, pedir, discrepar, comprar, esperar. En otra cultura, cada gesto exige esfuerzo. Ese esfuerzo continuo genera cansancio, ansiedad y frustración, incluso en quien está convencido de su llamado.
Las etapas más comunes
Los estudiosos describen el proceso en algunas etapas, que no son iguales para todos:
- Encanto: todo es novedad, y las diferencias parecen atractivas.
- Crisis: las diferencias empiezan a molestar; aparecen irritación, aislamiento, crítica a la cultura local y una nostalgia intensa.
- Ajuste: poco a poco, el misionero entiende las reglas no escritas, aprende el idioma y encuentra relaciones de confianza.
- Adaptación: la nueva cultura deja de ser solo "de los otros". Todavía hay diferencias, pero ya no paralizan.
Muchos pasan además por una quinta etapa al volver a su país: el choque cultural inverso, cuando su propia tierra parece extraña.
Señales de alerta
- Cansancio constante, incluso sin exceso de trabajo.
- Irritación por cosas pequeñas y críticas frecuentes al pueblo local.
- Aislamiento: evitar salir de casa, convivir solo con extranjeros.
- Cambios en el sueño y el apetito.
- Dudas persistentes sobre el llamado y ganas de abandonar.
Reconocer estas señales no es debilidad. Es el primer paso para cuidarse y cuidar a la familia.
Cómo enfrentar el choque cultural
Aprenda el idioma con dedicación. Nada reduce tanto el aislamiento como poder conversar. El idioma abre puertas a las amistades y disminuye la dependencia de otros extranjeros.
Observe antes de juzgar. Pregunte "¿por qué lo hacen así?" antes de concluir "esto está mal". Muchas prácticas que nos extrañan tienen sentido dentro de la cultura.
Distinga cultura de pecado. No todo lo diferente es incorrecto. Parte del trabajo misionero es separar lo que la Biblia realmente exige de lo que es solo costumbre de su propio país.
Cree rutinas. Horarios, lugares conocidos y pequeños hábitos dan estabilidad en un ambiente donde todo cambia.
Cultive relaciones locales. Una amistad con alguien del lugar enseña más sobre la cultura que cualquier libro.
Cuide el cuerpo y el alma. Descanso, alimentación, ejercicio, vida devocional y momentos de ocio no son un lujo, son mantenimiento.
Hable de lo que siente. Con su cónyuge, con el liderazgo de la agencia, con el pastor de la iglesia que envía. En algunos casos, el apoyo de un psicólogo cristiano marca toda la diferencia.
El papel de la iglesia que envía
La iglesia puede ayudar mucho: orar de forma específica por el período de adaptación, mantener un contacto frecuente, no exigir resultados rápidos en los primeros meses y recibir bien al misionero cuando regrese. Una red de intercesores informada sobre esta etapa sostiene al misionero cuando él mismo se siente débil (vea cómo organizar la intercesión).
Prepararse antes de partir
El choque cultural no se puede evitar, pero se puede suavizar mucho con preparación. El Curso de Capacitación Misionera de SEMIPA dedica una materia entera a la Antropología Misionera, y otra al Cuidado Integral del Misionero, además de Preparación Misionera y Desafíos a la Obra Misionera. La modalidad online está en Hotmart, con resumen en PDF de cada clase y certificado al final. Las clases y los materiales están en portugués.